DIRECTOR: Cristino Bogado CONSEJO EDITORIAL: Montserrat Álvarez, Carlos Bazzano, Alexis Álvarez, Edgar Cazal, María Eugenia Ayala Dirección: Brasil 353 Asunción-Paraguay E-mail: jakembo@gmail.com Fono:0981-288124

15 julio, 2006

Dandy ante el vértigo


Antes que nada agradezco sinceramente a nuestro anfitrión por haberme invitado a hablar de la banda sonora de este libro singular. La música que, a lo largo de estos años, le serviría como telón de fondo.
Cristino nació el mismo año que yo, 1967, vale decir, un año después de Blow Up, cinco después del Dr. No, apenas unos meses antes de La Fiesta Inolvidable, el mismo año del estreno de Casino Royale, y tres antes de La Pantera Rosa. ¿Qué tienen en común estas películas? Soundtracks de easy listening, personajes (en su mayoría encarnaciones de jet setters transnochados y dandies decadentes), lugares de excesos y de ensueño al mismo tiempo, representaciones elocuentes de aquella Dolce Vita de posguerra, breve e intensa, que apareció en las postrimerías de la década del cincuenta y se perdió para siempre en algún momento de la década del 70. Y si bien es cierto que nuestra generación es hija de los Beatles y de los Stones, no es menos cierto que también lo somos de aquella melodía anestésica e inconsecuente que salía del flamante estéreo empotrado en el living room ―decorado con souvenirs de viajes, cortinas psicodélicas o chucherías de porcelana adquiridas en Ñaró― y llenaba de manera anodina a todos los rincones de la casa, volviendo aún más soporíferas a las calurosas mañanas domingueras de ventilador verde agua, persianas americanas y una existencia leve que transcurría entre ocho milímetros. Años más tarde, Brian Eno reformularía a la música funcional en aquel disco seminal llamado Ambient: Music For Airports, el mismo que ahora nos sirve como cortina.
Pero 1967 también dio a luz a otro album fundamental para esta historia de la música: The Velvet Underground & Nico, el disco que cambiaría para siempre la cara del rock, un interminable viaje al fin de la noche, un descenso en espiral a los infiernos de la condición humana y semilla de casi todo lo mejor que escuchariamos en los ultimos 30 años.
La adolescencia llega a principios de los 80, con la New Wave y la MTV. Al mismo tiempo que mi generación intentaba desembarcar como piratas a las fiestas quinceañeras para comer hamburguesas gratis y planchar al ritmo de los últimos suspiros de la música disco o el pop descartable de las FM’s, desembarcaban en Europa los integrantes el mítico grupo australiano Birthday Party, con su punk hiriente de junkyards y vidrios rotos. El vocalista de la banda, Nick Cave, una noche encerrado en su habitación de hotel, entre el fin de un concierto y su habitual shot de heroína, asiste a un acontecimiento televisivo: “La primera vez que vi a Einsturzende Neubauten fue en la televisión holandesa. Era el año 1982. Mi grupo de entonces ―los Birthday Party― estaba dando una serie de conciertos en Holanda, y era hacia el final de la gira –todos estábamos al borde de la muerte. Yo bajaba por la escalera de nuestro humilde pero servicial hotel, cuando un misterioso e hipnótico sonido llegó flotando desde la sala de la televisión, insidiosamente seductor, irresistiblemente triste. Me sentí atraído por esos siniestros compases y, mientras entraba a la sala de la televisión, todas las nociones de música que había considerado tan preciosas hasta entonces fueron borradas ―en su totalidad― por lo que vi en la pantalla”. Así comienza ese maravilloso ensayo “Cardos en el alma” que Cave escribiera sobre esta rarísima avis de la música contemporánea que es Neubauten.
La otra noche en casa, entre cervezas y tequila, coincidíamos con Cristino en lo importante que sería para nosotros el descubrimiento, diez años después, de todos estos grupos de la llamada No Wave. Porque su música, haría tabula rasa de todas nuestras nociones de música que habíamos considerado tan preciosas hasta entonces.

Texto de presentación de:
Fredi Casco
poeta, fotógrafo, videasta, y artista visual.

6 comentarios:

Dama Satán dijo...

Texto del artista y poeta Fredi Casco, leído en la presentación del libro de poemas "Dandy ante el vértigo", de Cristino Bogado, en noviembre del 2004.

calambres en el alma dijo...

Una prueba más de que existen discos que son nuestros propios soundtracks de esta intrincada película con final abierto? que es la vida
Exitos
Edu B.

Douglas Diegues dijo...

Muy buenos todo amigos di Jakembo! Vita larga y longa a la nueba editorial paraguaya. Salut y salutis! Brindis di llamas y esperma! Les voy a mandar unas hojas antinguas para que ustedes apreciem y si les parece lo publiquem em Jakembo! Abrazones. Douglas Diegues

Sonia Marcus Gaia dijo...

Leí unos de los poemas de Cristino en el blog de Luna Guerra y me pareció genial (precisamente los del libro Dandy...) aunque soy bastante parca ante los elogios superfluos. Resulta lógico que haya tenido un victrola ambulante en su cabeza cuando los escribió. la lucidez en la neurosis musical deviene en un verdadero caos atómico, el único capaz de hacer estallar nuestra cabeza y el vacío de nuestra existencia. Dentro de la mudez endémica de nuestros tiempos, la música seguirá siendo la voz de la conciencia, más allá de las leyes de la razón y la etiqueta humana.

Saludos, Sonia Marcus Gaia

Rain dijo...

Así como Fredi Casco se refiere a la Banda que ´sacudió a Nick Cave, recuerdo lecturas que movilizaron aquello que ni uno mismo conoce profundamente de sí mismo. Así, la poesia de Xtino, me ha abierto otras visones y entonces sé que que la poética lleva cosnigo más que retóiricas gastadas, sé que hau algo más allá, siempre algo más fuerte y desconocido...

¡Grandes salutes!

KuruPicho dijo...

Buena tos, Tain

Cuando quieras, espermático Duglas, chera'a
Calambres,ojalá la música haga más nudos en tu peli

Sonia,pegaría una victrola como las de antes, las del paleolítico, los vinilos y las piedras sonorizantes, genésicas, la púa de zafiro, rubí o diamante...